En el Mundial 2026, mientras muchos todavía se acomodan el nervio de los partidos grandes, un nombre empezó a sonar con fuerza: Gilberto Mora. Con apenas 17 años, el jugador de los Xolos de Tijuana se paró en la cancha del Mundial como si ya trajera dos Copas encima.
El chavo no solo jugó los dieciseisavos, los jugó con personalidad. Su participación ayudó a que México le bajara el ritmo a Ecuador y se metiera a los octavos de final, dejando claro que no está ahí de relleno, sino porque algo diferente trae.
Pero lo más fuerte no es solo lo que hizo en este partido, sino lo que ya venía cargando desde antes. Con 17 años y pocos meses, ya se convirtió en uno de los jugadores más jóvenes en ser titular en una fase eliminatoria de Mundial, entrando en una lista donde aparece nada menos que Pelé.
En la cancha, lo que llama la atención no es el show, sino la calma. Mora no juega acelerado, no se desespera, no se esconde. Pide la pelota, la aguanta, la toca simple cuando hay que hacerlo y se anima cuando el partido lo exige. Ese tipo de cosas no se enseñan fácil, se traen.
En su club lo conocen bien. Ahí lo dirige el uruguayo Sebastián Abreu, quien no se guarda los elogios: lo describe como un jugador con control, pausa y una lectura de juego que no es normal para su edad. Básicamente, alguien que no juega como juvenil.
En la Selección, el propio Javier Aguirre también lo ha destacado, aunque con cuidado, recordando que todavía es un jugador en formación, pero con talento que no se discute.
Y mientras el Mundial suele ser el escenario donde las estrellas se consagran, Mora está haciendo algo distinto: está empezando su historia ahí mismo, sin esperar permiso, sin pedir permiso.
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