La lluvia cayó con fuerza en la Ciudad de México y dejó su marca en varias zonas. El saldo oficial: 56 árboles caídos y la atención de 88% de los encharcamientos registrados, de acuerdo con el Gobierno capitalino.
No fue una llovizna cualquiera. Fue de esas que doblan ramas, tumban árboles y ponen a trabajar a todo el aparato de emergencia. Brigadas salieron a las calles a retirar troncos, liberar vialidades y atender puntos donde el agua ya había rebasado lo normal.
El reporte indica que los equipos operativos se desplegaron para atender las afectaciones derivadas de la lluvia, enfocándose en resolver los encharcamientos y mitigar riesgos en la vía pública. La prioridad: que las calles volvieran a funcionar y evitar mayores complicaciones para quienes iban de paso o regresaban a casa.
En paralelo, los árboles caídos se convirtieron en otro frente. Algunos bloqueando carriles, otros representando riesgo inmediato, obligando a cortes y maniobras rápidas para retirarlos. Escenas que en la ciudad ya no sorprenden, pero que cada temporada vuelven a repetirse.
Aunque las autoridades destacan que la mayoría de los encharcamientos fueron atendidos, el episodio vuelve a poner sobre la mesa la capacidad del drenaje y la presión que generan lluvias intensas en lapsos cortos.
“La ceremonia habló de raíces prehispánicas… y Tláloc, fiel a la tradición, respondió como sabe: inundando media ciudad sin pedir boleto.”
Porque en la CDMX, cuando llueve fuerte, no hay protocolo que alcance ni rutina que cambie: la ciudad entra en modo reacción, entre brigadas trabajando y ciudadanos esquivando agua como pueden.
Y sí, otra vez tocó.
Publicado el 11 Junio 2026