En el Estadio Banorte no hubo drama de último minuto ni milagros de película. Hubo algo más frío, más calculado: control. Cruz Azul hizo lo que tenía que hacer y lo hizo sin volverse loco: ganó 1-0 y amarró su pase a semifinales con autoridad sobre Atlas.
La serie ya venía inclinada desde la Ida, pero el Atlas llegó con la idea de incomodar, de presionar, de ver si encontraba una grieta. Y por momentos la tuvo. Al inicio del partido intentó meter intensidad, apretar arriba, pero La Máquina no se desordenó.
El balón fue suyo. El ritmo también. Y cuando el partido pedía calma, la encontró.
Atlas tuvo una primera advertencia clara: Rodolfo Rotondi sacó un disparo que obligó a Camilo Vargas a volar y salvar el primero. Era aviso de que Cruz Azul no estaba jugando a especular, sino a cerrar la puerta.
Y después vino el golpe.
En una jugada bien armada al contragolpe, apareció José Paradela para definir con categoría y romper el cero. Un gol que no solo abrió el marcador, también terminó de enfriar cualquier intento de remontada rojinegra.
Atlas quiso responder en la segunda parte. Subió líneas, empujó, intentó meterle presión al partido. Pero ahí apareció otra pieza clave: Kevin Mier, que le bajó la cortina al arco y sostuvo el cero cuando más apretaba la visita.
El resto fue oficio. De esos partidos donde no necesitas espectáculo, sino control.
Cruz Azul cerró la serie con global 4-2 y se instaló en semifinales, sumando otra noche sólida bajo la gestión de Joel Huiqui, que sigue sumando resultados importantes al frente del equipo.
No fue una noche de locura. Fue una de esas donde La Máquina simplemente no se descompone… y cuando eso pasa, casi siempre avanza.
Por: angelicahernandez
09/05/2026 | 23:15:00