En Coapa no hay tiempo para el misterio ni para el silencio largo: cuando el América se mueve, todo el futbol mexicano voltea. Y ahora el turno es para la banca, donde las Águilas ya tienen nuevo mandamás: Guillermo Almada.
El club anunció la llegada del estratega uruguayo como nuevo director técnico de Club América, quien en los próximos días se presentará en el Nido de Coapa para ponerse cara a cara con jugadores y directiva, con la misión de empezar a armar el rompecabezas rumbo al Apertura 2026.
Almada no llega precisamente a improvisar. Con recorrido en Sudamérica, México y hasta España en su libreta de viajes futboleros, el técnico ya sabe lo que es levantar cosas pesadas en la Liga MX: fue campeón del Apertura 2022 y también ganó la Copa de Campeones de la Concacaf en 2024. O sea, no es nuevo en esto de aguantar presión con estadio lleno y resultados encima.
En el comunicado, el club lo vende como una “incorporación de reconocimiento y capacidad probada”, pero en la cancha el discurso siempre es más simple: aquí no hay margen para tropiezos largos, menos en un equipo donde cada torneo se mide como si fuera final anticipada.
El reto no es menor. América no cambia técnico para “ver qué pasa”, lo cambia para seguir ganando. Y eso en Coapa no se dice bajito, se grita con toda la grada encima.
Almada, por su parte, llega con ese perfil de entrenador intenso, de los que no se quedan quietos en la línea y viven cada jugada como si fuera la última llamada del partido. Un estilo que puede encajar… o incendiar, dependiendo de cómo ruede el balón.
La afición, como siempre, ya está dividida entre ilusión y escepticismo. Porque en el América no hay periodo de adaptación: o ganas, o empiezan los silbidos.
Y así arranca otra historia en Coapa, donde cada técnico nuevo no llega a empezar… llega a sobrevivir.