El Mundial 2026 se terminó para México con la misma mezcla de siempre: dolor por la eliminación, pero también esa rara sensación de que algo, por fin, podría estar cambiando.
La selección mexicana cerró su participación tras una derrota 3-2 ante Inglaterra en la fase de eliminación directa, un partido que marcó el final del camino después de cinco victorias que habían encendido la ilusión. La eliminación dolió, pero el ambiente no fue el mismo de otros Mundiales: esta vez, el equipo dejó la idea de que hay una base que puede sostener un nuevo ciclo.
En el centro de todo estuvo la despedida de Guillermo Ochoa, quien jugó su sexta Copa del Mundo y cerró su historia internacional en un estadio que lo vio empezar su carrera profesional. El cierre de su etapa simbolizó también el final de una generación que durante años cargó con la responsabilidad del Tricolor.
Del otro lado, el vestidor ya empezó a hablar en futuro. Erik Lira resumió el ánimo con una frase que sonó más a convicción que a consuelo: el grupo siente que está en el camino correcto y que lo vivido “va a dar frutos”. Aunque la eliminación dejó escenas duras como las lágrimas de Armando González y los gestos de consuelo de Javier Hernández, el discurso interno no se quebró.
México también mostró nuevos nombres que empiezan a pedir lugar: Raúl Rangel consolidándose en la portería, Julián Quiñones aportando goles y potencia, Erik Lira como equilibrio del medio campo, además de apariciones de Obed Vargas y Gilberto Mora que dejaron la sensación de recambio real.
El torneo también marcó el fin del ciclo de Javier Aguirre como director técnico, cerrando su tercera etapa al frente del equipo. Su salida abre paso a un nuevo proceso donde ya se perfila la figura de Rafael Márquez como posible líder del proyecto rumbo al siguiente ciclo mundialista.
La afición, entre el escepticismo inicial y la esperanza tardía, terminó conectando otra vez con la selección. Y aunque México no alcanzó los cuartos de final —su techo histórico—, esta vez el relato no fue solo de fracaso, sino de transición.
En palabras simples: el Mundial se fue, pero el Tricolor se quedó con algo que hacía tiempo no tenía… señales de futuro.
México y una Copa Mundial que le deja más motivos para creer