El Mundial ha visto de todo. Jugadores que anotan en finales con más de 40 años, hermanos enfrentándose en la cancha y hasta futbolistas que han jugado finales con dos selecciones distintas. Pero hay un detalle que, pase lo que pase, sigue sin moverse: ningún entrenador extranjero ha logrado ganar la Copa del Mundo.
Ni uno.
Y eso que varios se han quedado cerca. En 2002, Guus Hiddink agarró a Corea del Sur y la llevó hasta semifinales, en una de las historias más inesperadas del torneo. Años después, Luiz Felipe Scolari con Portugal y Roberto Martínez con Bélgica también tocaron la puerta, pero no alcanzó.
Ahora, para 2026, el escenario cambia fuerte.
De las 48 selecciones que jugarán el Mundial, 26 estarán dirigidas por entrenadores extranjeros. Más del 54%. Ya no es raro, ya es lo normal.
Y no estamos hablando de equipos chicos. Hay selecciones pesadas en esa lista. Brasil, por ejemplo, apostó por primera vez en su historia por un técnico extranjero: Carlo Ancelotti, que llega con la misión clara de ir por el famoso “hexa”. Inglaterra, una de las favoritas, está en manos de Thomas Tuchel, mientras que Estados Unidos jugará en casa con Mauricio Pochettino al mando.
También aparecen nombres como Marcelo Bielsa con Uruguay, Néstor Lorenzo con Colombia o Roberto Martínez ahora con Portugal, todos con experiencia y planteles competitivos.
El punto es claro: talento hay, equipos también… lo único que falta es romper esa barrera que lleva casi un siglo intacta.
Porque si este Mundial tiene algo distinto, es que por primera vez el número de entrenadores extranjeros no solo llama la atención… mete presión.
Y ahí es donde está la duda que nadie puede responder todavía:
¿seguirá la historia igual o por fin alguien la va a romper?
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